sábado, 9 de junio de 2012
Cuando la
demostración del amor, de los sentidos, queda mermado por impedimentos
naturales, físicos, o
psicológicos, surgen nuevas
formas que calman las necesidades del
ardor físico.
Os quiero.
Amado.
viernes, 8 de junio de 2012
Con todo este conglomerado de
emociones, pasiones y deseos, fueron
pasando los años, pasé la pubertad y me
convertí en una adulta joven, que siendo
mas consciente de la realidad, aún había dudas y recelos dentro de mí.
Fui olvidando
poco a poco el Rosario, las Novenas y las Ave María, todo me parecía mucho mas
fácil y para que nadie me inculcase miedo de nuevo sobre el lugar que ocuparía
mi alma cuando muriese, opté por
detenerme lo menos posible ante un confesionario y si mis oraciones por la
noche perduraban era porque en el fondo de mi corazón latía un cierto
temor que yo durante el día acallaba
distrayendo mi atención con la tarea que tenia asignada, o simplemente con
algún que otro rato de ocio.
Con el
paso de los años me iba sintiendo cada vez mas
tranquila y confiada, me casé y tuve un hijo, como es natural continué
con la ya añeja tradición del bautizo y unos años mas tarde su Primera Comunión, que
a mí me pareció un poco parecido a la
mía, pues mi hijo, al igual que yo aquel día, estaba inquieto y distraído. Me
pareció que su pensamiento no estaba precisamente al lado del sacerdote
escuchando sus sabias palabras. Pensé
que lo mejor para mi hijo era que cualquier día podía tener una conversación
con el y aclararle ciertos puntos de nuestras creencias que, al parecer, no tenia demasiado claras y
yo, como madre que era, tenia el deber de aclarárselo todo lo que pudiese.
Estas
cosas son muy serias y hay que ser consciente cuando se toma la decisión de
abrazar algún sacramento. Todo esto iba pasando por mi mente como un
pensamiento rápido y continuo y cuando atraje mi atención de nuevo al lugar donde estaba, me di cuenta de que la ceremonia había concluido,
mi hijo había comulgado y yo había hecho lo mismo, todo como una autómata,
solamente guiada por la fuerza de la costumbre.
Sentí pena por mi y por todos los que estuviesen en mi misma situación.
Estaba allí sin estar, tomaba la Eucaristía sin prestarle atención y lo
que era mas grave todavía ,no sentía emoción alguna al pensar en el infierno,
lo veía como algo lejano e inalcanzable y era consciente de que cuanto más
mayor era, si todo seguía su cauce lógico, más cerca estaba de la muerte. Toda esta meditación la perdí rápidamente al
seguir el desarrollo lógico de los acontecimientos, con las felicitaciones al
niño y a mí pronto olvidé los problemas de mi conciencia y me dejé arrastrar
por el raciocinio que encauza nuestras
vidas terrenas, tenia otras cosas más importantes en que pensar, había que
disponer el banquete y yo como ama de casa estaba obligada a prestar mi colaboración para
la buena realización de todo.
Mi salud estaba algo resentida,
me tenían en tratamiento medico en Madrid, donde tenia que ir periódicamente
para realizar unas pruebas y así determinar si me encontraba mejor o por el
contrario tenían que cambiar las
medicinas según el curso de la enfermedad.
Un día después del almuerzo estaba hablando con mi marido, me encontraba
bien y era un día alegre para nosotros,
nos apeteció un café y me levante del asiento
para ir a buscarlo, en la cocina me sentí fatal, el estomago se me revolvió
y sentí náuseas, me marche rápidamente al baño y cuando llegue allí no tuve
fuerzas ni para pedir ayuda, todo se nublo ante mis ojos y sentí como perdía
poco a poco la conciencia de lo que tenia a mi alrededor.
Ante mi tardanza, mi marido se dio cuenta que algo anormal me sucedía, fue en mi busca y me encontró de
esta guisa en el baño, me cogió y como pudo me traslado al cuarto más próximo,
me tumbo en un sofá y trataba de
reanimarme como podía, yo me sentía morir y se lo dije, cerré mis ojos pues ya
no veía y procure decir la oración que mejor
nos sabemos los cristianos,
sí, rece el Padre Nuestro pero no lo
pude terminar. De pronto, sin saber como ni cuando ocurrió me vi en el techo de
la habitación, estaba viendo mi propio cuerpo en el sofá y a un hombre a su lado que lo sacudía desesperado
tratando de reanimarlo, ese
cuerpo no era yo, era mi “vestido” que por lo visto ya no me servía y me
desprendí de el, todo fue tan rápido que no sé en que preciso momento me separe
del “vestido” pero si fui consciente que allí arriba donde me encontraba, el techo
no era techo, las paredes no eran paredes,
pues yo todo lo atravesaba y todo lo veía, no tenia ninguna limitación y
ante tal desconocimiento de lo desconocido grite horrorizada y mi voz no se
podía escuchar.
Aquel hombre que a mí no me
importaba nada y que seguía al lado del que fue mi cuerpo no podía oír mis gritos.
Continuará................
Todo lo que es
digno de ser estimado, creído y valorado, va recubierto por la LUZ
del INTERIOR de cada
individuo y hace comprender que “ EL AMOR DE UNIDAD “ es querer todo en su justa proporción.
Os quiero, Chus.
Sabia
muy bien que Dios había enviado a la Tierra
a su hijo Jesús para que nos ayudase y nosotros en vez de tratarlo como
el Rey que era, lo insultamos, lo azotamos y no contentos con eso fuimos mas
lejos todavía, lo cargamos con su cruz hasta el monte Gólgota, por un camino largo y difícil y ni siquiera
su sudor de sangre nos detuvo , al llegar a la cima, lo crucificamos entre
burlas y risas, le dimos de beber vinagre y atravesamos su costado con una
lanza, ¡cielos! ¡que crueles fuimos!, no me extraña que el cielo se oscureciera
y que la tierra temblara, el enfado de Dios tenia que ser inmenso y eterno, yo
comprendía todo muy bien, no me extrañaba que Dios nos vigilase continuamente
para ver si hacíamos algo malo, en comparación con lo que tuvo que aguantar
Jesús, esto no era nada,. Así que sin rechistar hacíamos todos los sacrificios
posibles para que Dios en venganza por lo que le hicimos a su hijo, no fuese
demasiado severo y nos levantara la mano aunque solo fuese un poco y en vez del
infierno pudiésemos alcanzar el purgatorio.
En mi constante afán por alcanzar el
purgatorio (pues el cielo lo veía imposible, eso estaba reservado nada mas que a
los santos) rezaba continuamente a las animas que se encontrasen allí, pues
pensaba que si yo hacia eso por ella, cuando estuviese en las mismas
circunstancias, casi seguro que habría alguien que pensara como yo y me
ayudaría con sus rezos, además igual que a mi me enseñaron a rezarles yo les
enseñaría a mis hijos y así haríamos una cadena para ir ayudándonos unos a
otros cuando la muerte nos alcanzara.
Todos los viernes del año, desde que
murió Jesús cruelmente en manos de los hombres, para que no se nos olvidara el
horrible crimen que habíamos cometido, no podíamos comer carne, pues para poder
comerla había que pagar a la iglesia un tributo de no sé cuantas pesetas , pues
de eso se encargaban en casa; la iglesia nos daba un justificante y ya podíamos
comer toda la carne que quisiéramos durante el año, excepto en Cuaresma que era
cuando nos preparábamos para recordar y seguir la Pasión y Muerte de Jesús. En
aquellos tiempos esas fechas eran las mas respetadas del año y eran de
recogimiento para todos nosotros.
La Cuaresma igual que ahora comienza
también el Miércoles de Ceniza y termina el Domingo de Ramos; esos viernes que
hay en cuaresma no se podía comer carne, y si por casualidad no recordabas en
el día que estabas, ya podías empezar a purificarte, porque habías roto las
leyes divinas y las consecuencias eran gravísimas. Ni que decir tiene, con que
cuidado las mamás preparaban el menú, para que ni la sustancia de la carne nos
alcanzara ese día y cuando llegaba la Semana Santa que es cuando se seguía día
a día, hora a hora la Pasión y Muerte de Jesús, esta semana era de luto
riguroso, se cortaba todo medio de divertirse, y solo se escuchaba Música Sacra
allí donde pusieras la radio y mas tarde la televisión, estaba prohibido cantar
y manifestar alegría, pues era una falta de respeto hacia Dios y eso si que
estaba realmente castigado, si se te escapaba alguna estrofa de alguna canción
deberías rezar, purificarte y confesarlo mas tarde, pues eso si que era pecado.
Y no venial por cierto. El jueves a partir de las doce del medio día ya no harías
ninguna labor que no fuese imprescindible y te dedicarías a asistir a los
Santos Oficios, ver las procesiones y llorar para que Dios nos perdonase a
todos por la ignominia de nuestros actos. Esos días no probarías la carne ni sus derivados
hasta el Domingo de Resurrección, que ya era todo alegría y pasarlo bien, pero
todo ello con mucho cuidado para no caer en el pecado, pues hacía poco que Dios
había viso de nuevo lo que hicimos a su Hijo y era seguro que no le agradaría recordarlo.
A mi durante la Semana Santa se me
encogía el corazón y a cada paso que veía desfilar en la procesión era mas
consciente de lo que habíamos hecho, mi emoción subía de tono por momentos,
acababa llorando y si alguien cerca de mi cantaba una saeta, ya era la gota de
agua que hacia rebosar el cauce de nuestras emociones, las cuales quedaban allí
desbordadas alcanzado a todos los presentes, atenazándoles el corazón y sintiendo
la angustia que el momento requería.
Todo esto era muy fuerte y así nos hacia
sentir angustiados y tristes, pidiendo sin palabras clemencia, sintiendo el
peso del acto irreparable que habíamos cometido.
Continuara.......
Continuara.......
miércoles, 6 de junio de 2012
Hice
la primera comunión vestida de largo y de blanco, como los tiempos pedían, mis padres lo celebraron a lo
grande, la ceremonia fue muy bien preparada, todo cuidado al mínimo detalle,
pero……….,yo no pude evitar que mi pensamiento se fuese varias veces de allí y
sin yo querer me trasladara a otra cosa, a otro sitio, mi cara no reflejaba lo
sublime del momento y fui regañada severamente por la señorita que cuidaba de
que el orden se mantuviese en todo momento en los asientos que nos habían
designado.
¡Que mal lo pasé!
Había recibido al PADRE JESUS y yo no había experimentado cambio alguno, seguía siendo la misma y sin
querer seguía ausentándome con el
pensamiento. Para poder comulgar otra vez, hube de confesarme de nuevo y el
cura me echó una buena regañina qué, aparte de hacerme sentir muy mal, me llenó
de temor, yo ya lo debía de saber, me decía el cura, en el cielo no entran mas
que los buenos y si tú sigues así, irás a parar cuando menos al fuego
eterno, ¿te enteras?, eso es lo que te espera al final del
camino, el infierno , porque como no pidas perdón todos los días y seas una niña buena, ni siquiera
podrás entrar en el purgatorio.
Yo me sentía perdida y allí en el fondo de mi corazón sentí una rebeldía grande, odié a ese Padre tan malo que me obligaba a ser tan buena , era injusto, EL hacia sentirme mal y yo, yo no quería ser mala, lo hacia sin darme cuenta, pero EL, EL no era como mi papá de aquí, que me perdonaba muchas veces y no me amenazaba con el infierno.
Mi papá de
aquí sí que merecía ser Dios, si mi papá fuese Dios, todo seria más
fácil, porque él sí que me
quería de verdad, ese papá DIOS del cielo nos odiaba y nos estaba castigando siempre.
El tiempo
siguió pasando y yo me iba convirtiendo en adolescente, seguía
sintiendo rebeldía en mi interior,
que yo mas consciente de el poder de ese Dios intentaba acallar por
todos los medios, el rosario, las Ave María al acostarme, el Via Crucis, en fin,
todo lo que estaba a mi alcance
sin reparar medios ni esfuerzo, era consciente de lo que significaba la
eternidad y desde los Ejercicios
Espirituales hasta el Rosario de la
Aurora llevando al Cristo, creo que no me quedó nada por hacer para contentar a ese Dios tan perverso que
regia el mundo, incluso cuando iba a
la Iglesia cogía dos chinitas de la
calle y sin que nadie me viese las ponía
bajo mis rodillas, si me hacia sangre ese Dios se pondría contento y quizás me
perdonase alguno de mis descuidos y pudiese ir cuando menos al Purgatorio.
Sabia muy bien que Dios había enviado
a la Tierra a su Hijo Jesús
para que nos ayudase y nosotros
en vez de tratarlo como el Rey que era,
lo insultamos, lo azotamos y no contentos con eso fuimos más lejos
todavía, lo cargamos con su cruz hasta
el monte Gólgota, por un camino largo y
difícil y ni siquiera su sudor de sangre nos detuvo, al llegar a la cima, lo crucificamos entre burlas y risas, le dimos de beber vinagre y atravesamos su costado con una lanza,
¡Cielos ! ¡ que crueles fuimos! , no me extraña que el Cielo se oscureciera y
que la Tierra temblara, el enfado de Dios tenia que ser inmenso y
eterno, yo comprendía todo muy bien, no me extrañaba que Dios nos vigilase
continuamente para ver si hacíamos algo
malo, en comparación con lo que tuvo que
aguantar JESUS, esto no era nada, así
que sin rechistar haríamos todos los sacrificios posibles para que Dios
en venganza por lo que hicimos a su
Hijo, no fuese demasiado severo y nos
levantara la mano aunque solo fuese un poco y en vez del infierno pudiésemos
alcanzar el purgatorio.
continuara.....
continuara.....
lunes, 4 de junio de 2012
COMO CONOCI A MI DIOS
Era muy
pequeña cuando ya oí hablar de un padre diferente al que tenia en casa. Este no
lo veía a mi alrededor, pero si tenia que tener mucho cuidado, pues EL, me
miraba continuamente y vigilaba con toda
atención mis actos y mi comportamiento durante todo el día, sabia incluso lo
que pensaba aunque mi pensamiento fuese muy breve y rápido, por mucho que yo
intentara escapar de su continua vigilancia, siempre lo sabia todo de mí, y
eso, si era mala…….., el infierno me
esperaba para toda la eternidad.
Ni que
decir tiene, la impresión que esto me causaba, pues me obligaba en todo momento
a prestar continua atención a todo lo que hacía. Todo esto aparte de parecerme
muy pesado, me impedía hacer lo que me
apeteciese porque el infierno ya me habían dicho lo malo que era y el fuego no
me gustaba nada, hacia pupa y dolía durante mucho tiempo y eso, si solo te
quemabas un poquito, pues imagínate que te estuviesen quemando todo el día y
todos, todos los días, además de todo esto que yo sabía muy bien, ese Papá
nunca jugaba conmigo, no lo veía como al que tenia en casa, e igual que miras a
alguien que tienes ausente, yo conocía su cara a través de una estampita o por
las imágenes que de EL había en las iglesias.
Seguía
sin entender que no lo pudiera ver, pero era consciente que me veía y vigilaba
y todo lo sabía, estaba muy claro, ya que continuamente me lo recordaban. QUE MIEDO LE TENIA A ESE PAPÁ TAN ESPECIAL;
no se parecía en nada al que tenía en casa que me cogía en brazos y me
acariciaba, éste, el de aquí, todo me lo daba y cuando me iba a la cama, me arropaba y me
daba muchos, muchos besos.
Fueron
pasando los años y fui comprendiendo muchas mas cosas, ese Padre que nos vigilaba, vivía en el cielo y
tenia a mucha gente a su servicio, que
le servían muy fielmente, por eso, cuando veía a un cura o a
una monja me apresuraba a darles el saludo que tan bien me habían enseñado en
casa y en el colegio.
Al cura debía de besarle la mano doblando
la pierna derecha y tocando el suelo con la rodilla, a las monjas también las saludaría
flexionando las piernas y cogiendo y
besando su crucifijo que le colgaba de los cordones de los hábitos.
Si estábamos jugando, en el sitio que fuese,
dejaríamos de jugar cuando pasase un servidor del Padre y correríamos a
ponernos en fila para darle el saludo que a tan sublime personaje le correspondía,
el cual al vernos llegar ya preparaba la mano, si era sacerdote, ó el Cristo
del cordón, si era monja.
Nuestra enseñanza en el colegio era me
imajino, que como en todos los sitios en aquella época, a parte de enseñarnos gramática
y matemáticas, ,también nos enseñaban mucha religión, teníamos nuestra
catequesis, formación política y todo lo que aquellos tiempos requería para ser
catalogado de BUEN CIUDADANO.
Y nuestros padres como tales ciudadanos se apresuraban a que
sus hijos cumplieran al pie de la letra la enseñanza que los buenos tiempos exigia,
sin reparar en tiempo ni esfuerzo, lo verdaderamente importante era que se
supiese que ellos ponían todo su esfuerzo en que tan sublime tarea
era bien realizada.
Continuara.............
Continuara.............
sábado, 2 de junio de 2012
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